II. LOS CLÁSICOS LITERARIOS

Quienes hemos tenido la suerte de caer rendidos a la calidad de los clásicos en sentido amplio (no sólo en referencia a la Antigüedad) a veces nos cuesta entender por qué hay que justificarlos. ¿Justificar la excelencia, el culmen del talento humano, la plenitud del pensamiento?

Parece superfluo tener que explicar el valor de los genios y, sin embargo, parece que no sólo la época actual lo demanda, sino también otras previas donde se han alumbrado libros sobre el tema tan maravillosos como el que ahora procedemos a comentar.

Pero siempre desde el más absoluto entusiasmo, sin incurrir en reflexiones catastrofistas sobre el escaso interés del mundo por ellos, porque quienes han sufrido la implacable criba del tiempo durante siglos por su extraordinario valor no se van a ver ahora eliminados por modas o tendencias o principios de utilidad. Quizá el único problema es la falta de curiosidad sobre la base del desconocimiento y, con el fin de subsanar esa carencia, contamos con este espacio de difusión y con el testimonio de muchas mentes privilegiadas que antes que nosotros han recorrido el camino de fascinación por los clásicos y han sido capaces de verter en palabras toda esa admiración.

Será, pues, Italo Calvino (Santiago de las Vegas (Cuba) 1923- Siena 1985) nuestro autor y su obra Por qué leer los clásicos el contenido en que nos centremos.

Nos encontramos ante una obra póstuma, publicada en su primera edición en 1991 con el título Perché leggere i classici, en lo constituye una recopilación de diversos artículos sobre los clásicos de la vida de Italo Calvino, es decir, aquellos autores consagrados, cuyas obras, a veces no las más conocidas, y enseñanzas han constituido un vade mecum ético o/y estético en su trayectoria vital.

El libro resulta altamente ilustrativo para cualquier lector, no sólo por los datos que transmite, sino también por lo bonito que es comprobar cómo una nómina de autores y sus obras pueden acompañarte a lo largo de la vida hasta el punto de constituir esos referentes de momentos de deleite por su lectura, de reflexión por su enseñanza y de enriquecimiento personal, en definitiva, en cualquier caso.

Focalizaremos aquí exclusivamente en la introducción con sus catorce máximas sobre los clásicos LITERARIOS a modo de estímulo para quien desee disfrutar con la deliciosa lectura de este libro de Calvino. Dice así:

“Empecemos proponiendo algunas definiciones.

  1. Los clásicos son esos libros de los cuales suele oírse decir: “Estoy releyendo…” y nunca “Estoy leyendo”.
  2. Se llama clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado, pero que constituyen una riqueza no menor para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos.
  3. Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual.
  4. Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera.
  5. Toda lectura de un clásico es en realidad una relectura.
  6. Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir.
  7. Los clásicos son esos libros que nos llegan trayendo impresa la huella de las lecturas que han precedido a la nuestra, y tras de sí la huella que han dejado en la cultura o en las culturas que han atravesado (o más sencillamente, en el lenguaje o en las costumbres).
  8. Un clásico es una obra que suscita un incesante polvillo de discursos críticos, pero que la obra se sacude continuamente de encima.
  9. Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad.
  10. Llámese clásico a un libro que se configura como equivalente del universo, a semejanza de los antiguos talismanes.
  11. Tu clásico es aquél que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él.
  12. Un clásico es un libro que está antes que otros clásicos; pero quien haya leído primero los otros y después lee aquél, reconoce en seguida su lugar en la genealogía.
  13. Es clásico lo que tiende a relegar la actualidad a la categoría de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo.
  14. Es clásico lo que persiste como ruido de fondo incluso allí donde la actualidad más incompatible se impone”.

Imposible mejorar estas definiciones.

Que la vida te dispense muchos clásicos, querido lector.

M. Ángeles López